Vivir intensamente y reflexionar profundamente. No hay disyuntiva, todos tenemos el deber de realizar ambas cosas, en la proporción que mejor nos competa, para alcanzar una vida auténtica.
Este es un cuaderno de notas, reflexiones e inspiraciones sobre el mundo, la vida y sus elementos. Es también un semillero de ideas, acciones y actitudes para vivir.
Concebido un atardecer ante el guiño de una luna menguante que ya asomaba, en un lejano valle, sobre la hierba seca de la estepa, en el vientre de una mujer silvestre de ojos limpios y labios ardientes. Hijo de un viajero docto y con aire elegante que perdió los modales y encontró la decencia entre las piernas y los brazos de una extraña corazón de fuego, que le robó el alma con su mirada.
Eso me narró una tía adoptiva, que me crió desde que desaparecieron y no volví a saber de ellos. Apenas los conocí.
Un borracho en una cantina me dijo que él la conoció, que era prostituta fina en la Ciudad de México. Mucho más acá de las grandes estepas. Una hermosa prostituta de corazón generoso, que por ayudar a un hombre perdido, con asilo y comida, terminó procreándome accidentalmente entre palabras dulces de amor y el frenesí casi adolescente que aquel hombre sentía por sus caderas. Un poeta mendigo con el vigor íntimo de un toro.
"Cecilia y Luterio", dice el tejido en la cobija con la que me cubrían del frío por las noches desde pequeño. La misma que sirvió de colchón aquella noche que me procrearon y que mi padre guardó con devoción por año y medio, hasta que se enteró que Cecilia había parido un hijo suyo y la buscó como un loco, hasta encontrarla y darme su nombre.
Una buena filosofía, en algún punto, se convierte en una filosofía práctica y como tal, siempre busca, de algún modo, lograr que las personas dejen de hacer lo que están haciendo, o lo hagan de un modo distinto, o lo hagan con otra actitud, lo que a la larga se convertirá en decisiones diferentes, en acciones diferentes, en una vida diferente. Y así es como la filosofía cambia el mundo. Pero aunque los cambios se quedaran únicamente en la mente del que filosofa, para él el mundo ha cambiado para siempre.
El aborto podrá ser un problema moral o religioso, del que nadie puede asumirse poseedor de la respuesta. Pero no es un problema legal. No se puede obligar con la ley a una mujer a aceptar en su cuerpo y engendrar a un ser que no desea. Sin embargo, parece obligado para toda sociedad humana sana hacer comprender a la embarazada que su infelicidad por tal situación no es tan importante como la muerte de un nuevo ser, que su felicidad no es más importante que la vida de la criatura, y empujarla por cuánto sea humanamente posible, incluso de modo ilegal si es necesario, puesto que la vida es más importante que la ley, para que lo engendre y cuide hasta que alguien más, sino ella, pueda hacerse responsable de su crecimiento y maduración.
La ley tampoco debe ser cómplice del aborto a modo de facilitarlo o procurar los medios para realizarlo, ni aún que sea para salvaguardar la salud de la abortante. El riesgo que ella corre es por cuenta propia. La ley no debe elegir entre la vida de la madre y el hijo. Como tal, el aborto, debe ser asunto privado y no público, en tanto que el nuevo ser no nazca.
El médico que realiza un aborto tampoco debe ser perseguido por la ley, en tanto que la decisión es privada de la madre, aunque fuese moral o religiosamente una mala decisión.
Hace un par de semanas asistí con mi madre a ver la obra veintidós veintidós de Odin Dupeyron en la que él mismo actúa a dueto con Mauricio Ochmann. Por azares del destino, por lo que sea, un colega me vendió un par de boletos que promovían para obra benéfica y me decidí.
Me gustó la obra. Pese al frío que padecimos cuando encendieron ingratamente la ventilación del teatro, me divertí, me reí bastante, me gustó compartir ese momento con mi madre y, sobre todo, hice valer el objetivo de la obra: me traje cosas para reflexionar. El tema, el valor de la vida una vez arrojados a la muerte.
La puerta al tema se abre en la pregunta “… ¿de qué no te quieres perder?” lanzada desde el programa de mano como parte del slogan y la acción comienza en la determinación dignificante de un suicida.
Mauricio Ochmann interpreta a un hombre atormentado por la ruindad de su vida, que le ha venido convenciendo que su vida no es de él. "Al menos quiero ser dueño de mi muerte", lanza a su grabadora, mientras declara el testimonio que habrán de encontrar quienes lo hallen muerto una vez consumado su final. La vida lo ha tratado mal, el hombre meditabundo explica y da cuenta del porqué ha decidido “adelantar” su muerte, dejando a sus dos hijos pequeños al destino, de la mano de la mujer que lo dejó y se casó con otro.
Odin Dupeyron representa a un personaje llamado ATT que acude en un espacio-tiempo entre la vida y la muerte, a levantar el reporte de las circunstancias y a facilitar el final de la vida, y que es el encargado de “cantar” la muerte. Un personaje comiquísimo, indispensable para finalmente comprender porqué no se debía morir.
El ATT complace al suicida antes de su momento final al responderle algunas preguntas que todos quisieran saber antes de morir, antes de que su muerte sea definitivamente “cantada”. ¿Qué hubiera sido de él si no muriera? ¿Qué sería de sus hijos? ¿Qué razón tendría vivir? ¿Qué será de uno después de la muerte? ¿Debió seguir viviendo?
Es una obra entretenida, divertida, y reflexiva, con un mensaje filosófico claro que cualquiera deberá aprender para poder vivir y gozar la vida, con una contundente ausencia de dogmatismos y religiosidad salvadora: Ser responsables de sí mismos.
Las actuaciones de Dupeyron y Ochmann me parecen muy adecuadas al objeto de la obra.
La obra se representa en el Teatro Ofelia de la Ciudad de México y es muy recomendable por $350.00 en taquilla.
El mundo está lleno de información, cada vez más abundante, sin por ello tener necesariamente mayor alcance. Es complicado tener una opinión salvadora de la vida entre toda esa maraña de estímulos e ideas que nos invaden los sentidos y la mente. Algo a qué sujetarse. No queda más que ser un auténtico surfista con las piernas y las manos, una caldera en el corazón y una noche silenciosa en la mente.
Una sociedad donde el desarrollo de sus mujeres está atrasado, es una sociedad atrasada. A no ser que supongamos que el hogar (sin excluirlo, pero sin hacerlo forzoso) la pasividad y la obediencia al hombre son el único desarrollo que debe tener la mujer.
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Si festejamos (conmemoramos) el día de la mujer, es porque 364 días del año (al menos) no hay igualdad con la mujer. Si festejamos (conmemoramos) el día de la igualdad de los sexos, es porque 364 días (al menos) no hay igualdad entre los sexos. Si instauramos el día mundial contra el sexismo y la exclusión será porque 364 días (al menos) hay sexismo y exclusión. Si decidimos festejar el día del amor (otro) y el respeto entre los sexos para borrar el sesgo de exclusión inherente a un festejo así, es porque 364 días (al menos) no hay amor ni respeto entre los sexos. Si no decidimos instaurar el Día Internacional del Hombre para equilibrar la balanza (o para ocultar la violencia contra las mujeres) será porque nos gana la vergüenza. Y aún así parece tan contradictorio y primitivo festejar o conmemorar un día como el Día Internacional de la Mujer. Habríamos de acordarnos lo maravillosos que somos ambos sexos los 365 días del año (al menos) y actuar con amor y respeto en consecuencia.
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#MujeresPónganseAlPedo. La dominación y la violencia parecen normales si el dominado y violentado no se pone al pedo. Así somos de animales. Hasta que un par de ojos nos obligan a mirarlos para comprender que en ellos se refleja un ser digno, y entonces crecer.
Artistas, músicos, intelectuales y periodistas de todos los frentes y perfiles políticos, destacado los que suelen defender valores democráticos, parecen expresar al unísono su rechazo a las acciones de veto de la directiva del Club Deportivo Guadalajara contra el diario deportivo Récord. Al menos así lo presenta el propio Récord, aunque también algunos comunicadores de otros medios importantes y destacados líderes de opinión.
La discusión se centra en que el acto realizado es un Veto. Ya no importan los argumentos ni las razones y motivaciones que dieron origen a ello ni de si se trata de una institución privada, aunque de interés público. El veto en sí mismo acapara todos los reflectores y se le declara terrible per se. Porque es antidemocrático, autoritario, la expresión más terrible y primitiva del ser humano que arrastra al abuso y la injusticia. Nadie lee ni oye más allá. Todos apuntan con el dedo a quien ha osado vetar a un medio de comunicación, en una tierra que pretende ser democrática y por ende, hogar de la libertad de expresión. Pero alguien debería poner un poco de freno a todo este frenesí “inquisidor” contra los injustos y autoritarios dueños de un equipo de fútbol.
Sin pretender ser abogado del diablo, ¿quién se detiene a reflexionar sobre el origen integral del escozor que provoca esta situación?¿Quién se detiene un momento a revisar si acaso no también el diario deportivo ha incurrido en injusticia, en falta de profesionalismo, en instigación al desorden y el odio. En la tierra de la libertad de expresión, valor democrático fundamental, los fariseos se arrancan las vestiduras en defensa de los sacrosantos medios de comunicación que velan estoicamente por nuestro derecho a la “información” y encabezan nuestro derecho al libre pensamiento y libre expresión. Bueno, hasta Paty Chapoy reclama su lugar en el santoral.
Y no es que esté mal, ni mucho menos, si bien, por el contrario, es necesario que defendamos el derecho a la libre expresión ante cualquier amenaza del poder público que atente contra la democracia, la verdad y la justicia, es necesario que aprendamos a analizar con más cautela los hechos cotidianos y distinguir lo que es diferente de lo que es igual, para pensar y actuar ordenadamente y con rumbo.
A nadie importa, nadie se detiene a revisar si es verdadero el argumento, o razón, o motivo, de los miembros directivos, sobre que existieron amenazas de muerte por el ambiente de odio contra algunos de ellos (no importa si sólo fue por Twitter, una amenaza de muerte siempre debe ser tomada con toda la seriedad posible, so pena de no tener a quien echarle en cara el arrepentimiento cuando es demasiado tarde)
Para empezar, considero que debemos percatarnos que no es lo mismo veto que censura, ni tampoco toda censura es antidemocrática por sí misma. Como tampoco la libertad de expresión puede significar libertad de injuria, malinformación y mentira. Una distinción análoga, o mejor dicho, analítica, es la distinción entre Libertad y Libertinaje que tan familiar es a los predicadores religiosos cuando tratan de conducir nuestras vidas. Pero sin apelar a argumentos moralinos, es preciso que analicemos con la misma severidad a quien es autoritario y antidemocrático, que a quien malinforma, desinforma y pervierte la opinión pública, con fines económicos, perversos ingenuos o cualesquiera que sean, llegando a desatar caos y agresiones a las personas. Y digo analizar, mucho antes que decir sancionar, pues habremos de arrojar la primera piedra antes de poder hacer eso.
Vetar a un medio periodístico o de comunicación no significa censurar su libertad de expresión. Máxime cuando el veto no es ejercido por una autoridad pública, sino por una entidad privada. Hemos de analizar que si bien lo ideal es que cada persona o institución sepa responder con madurez ante cualquier ataque, ya sea falso o verdadero, antes de recurrir al veto, vetar habría de ser un derecho inalienable de cada uno de nosotros cuando no podemos o no queremos convivir y ser amables y hospitalarios con quien sentimos que nos agrede. Vetar a un periodista, persona, empresa, o quien sea, no debe ser confundido con un acto de censura que reprime la libertad de expresión, también condición inalienable para que exista justicia y democracia.
Ahora bien, si bien es cierto que debemos sacar nuestras garras y mostrar los dientes ante cualquier intento de la autoridad pública de censurar la libre expresión de los ciudadanos, la censura como tal, no necesariamente es antidemocrática si analizamos con madurez y dejamos de arrancarnos el pelo libertario. Aunque sí lo es la forma en que suelen hacer uso de ella los gobiernos.
Pero es preciso que tengamos claros los objetivos de toda discusión para no ser campechanos y viscerales, antes que útiles. El meollo de todo este asunto no puede ser, a mi entender, otro que la búsqueda de un mejor fútbol mexicano, entendido en su doble dimensión de deporte-espectáculo, y por tanto, con una labor social y un compromiso con el público. Ahora que, el tema se ha exacerbado porque trastoca, o creemos que trastoca, valores fundamentales de nuestra vida pública, en donde el objetivo finalmente sería un mejor país, un mejor México, en tanto sentimos vulnerados los pilares de la democracia que ha de darnos la justicia.
Pero si bien debemos desterrar de nuestros corazones todo intento de autoritarismo para garantizar que nuestros pueblos no vuelvan a caer en el error y terror de la dictadura y el totalitarismo, para lograr un mejor país es indispensable también que nos apeguemos cabalmente al principio de la Verdad, y es ahí en dónde tenemos que poner énfasis en los medios de comunicación que suelen ser faltos de veracidad, o cuando menos, faltos de profesionalismo. Amarillistas, pues.
El profesionalismo es un deber moral que uno adquiere al cobrar por algo o prestar un servicio, un deber con el beneficiario(s) de tal servicio. Y es el deber de hacerlo bien y conforme a los parámetros establecidos por la sociedad y autoridades en la materia que velan por el interés general. Y si bien, a los dueños de los equipos de fútbol suele faltarles comprender que sus empresas (equipos) son más que una empresa privada, que son de interés público y popular, para poder desempeñar un profesionalismo cabal en su área directiva, también nuestro periodismo necesita crecer a pasos agigantados para acercarse al profesionalismo que necesita un mejor México.
Es preciso que se establezcan adecuadamente y legalicen criterios, si no de verdad, si por lo menos de veracidad, para poder juzgar y en su caso sancionar a quien alevosa o irresponsablemente difunda información infundada. El riesgo de poner en manos de las autoridades el poder de juzgar lo que es verdadero y lo que no lo es es grande, muy grande. Sin embargo, el tema no debe soslayarse. Más de uno en el mundo ha muerto por chismes y acosos iniciados por algún periodista o medio de comunicación sin escrúpulos, escondido bajo el regazo de la libertad de expresión. Necesitamos criterios de veracidad bien establecidos y penas suficientes para quienes atenten contra ellos.
La pregunta ahora sería ¿qué debe hacer una persona, empresa o institución cuando un medio de comunicación difunde (y si lo hace reiteradamente) información que considera falsa y/o agraviosa? ¿Cómo se debe responder a los periodistas que suelen publicar cosas que nos afectan y que consideramos falsas? Debe haber alguna respuesta que eleve la calidad de ambos.
Los mexicanos estamos acostumbrados a quejarnos, a protestar, unos contra el gobierno, otros contra los que protestan contra el gobierno, el gobierno contra los partidos de oposición, los aspirantes a puestos de elección contra los dirigentes de los partidos, los estudiantes críticos contra la manipulación de los medios, las mamás contra los estudiantes críticos y estos contra sus mamás, los que marchan contra los policías, los automovilistas contra los que marchan, los policías contra los jefes policiacos por los bajos salarios que les pagan por ir contra los que marchan, los alumnos contra los profesores, los profesores contra el sistema educativo, el sistema educativo contra los profesores. Los ciudadanos contra el gobierno que no los protege de los delincuentes y criminales. Los comunitaristas contra los gringos y contra la indiferencia de los individualistas, los individualistas contra los comunitaristas que no los dejan vivir su vida light. En fin, a grandes rasgos, amamos a México, pero México no es lo que quisiéramos. Y nos quejamos. Siempre nos quejamos, todos contra todos.
Pero es habitual que discutamos en vez de debatir, que debatamos con las viseras, que aventemos un pedazo de hígado antes que un argumento. No estamos bien adiestrados para razonar y debatir. Pero sobre todo, no tenemos una idea clara de lo que debería ser México. El sueño mexicano.
Estamos tan acostumbrados a compararnos contra aquellos a quienes creemos mejores, Estados Unidos, Europa, Alemania, Francia, Inglaterra, de común los países históricamente dominantes que enarbolan un ideal de libertad con que hemos sido semi-formados. No es el dominador de por sí. En un país de tradición occidental difícilmente veremos con agrado a un país con tradiciones opuestas a las nuestras, aunque éste fuera dominante. Amamos la idea de los países dominantes, tanto cuanto porque son dominantes, como porque representan libertad y el lujo. Un halago a los sentidos. Buenas ropas, buenos perfumes, comodidades, vehículos y edificios suntuosos, gadgets y tecnología, buenas comidas, físicos trabajados y atractivos en las personas, costumbres y modales aristocráticos (o ‘fresas’ hoy en día) y, sobre todo, que todo ello parece al alcance de cualquiera y no es privilegio de las clases nobles. Es un ideal accesible para todos. Aunque soslayamos que estos privilegios suelen provenir de algún origen histórico oscuro de saqueo y abuso de unos sobre otros. Los grupos conscientes de ello suelen protestar contra los inconscientes que solo quieren vivir su vida y viceversa.
La tragedia de México (una de tantas) es que ese ideal está demasiado lejos de materializarse como un bien colectivo. La discrepancia de la pobreza contra la riqueza no permite que el ideal se cristalice, máxime cuando ni siquiera sabemos elaborarlo, con una educación deficiente por un sistema educativo corrupto y siglos de atraso soberano. Y sobre todo, por desconocimiento sistemático de la pluralidad cultural e ideológica de nuestra sociedad. Un ideal, casi nunca va a ser ideal para todos, menos con grupos sociales que lucen tan antagónicos.
En la tradición filosófica de México y los países latinoamericanos, se ha intentado en el pasado elaborar una reflexión sobre lo mexicano en particular y latinoamericano en general, que brinde alguna luz sobre lo que somos y con ello, seguramente, lo de debemos ser, para dejar de imitar toscamente modelos de vida ajenos y extranjeros.
Sin ánimo de revivir aquellas viejas polémicas, parece vigente la necesidad de encontrar un rumbo que nos ayude a superar todas las dificultades y subdesarrollos que nos han venido arrancando el tiempo y la felicidad. Paréceme preciso para todo ello, aprender a pensar nuestro futuro, nuestro sueño mexicano, que será, finalmente un sueño del hombre. Aprender a trazar un rumbo que seguir como nación para dejar de estar tirándonos todos contra todos con la escoba, más que con argumentos. Hace falta análisis meticuloso, de conciencia propia, y una intensa organización. Pero para ello, hace falta un objetivo que podamos esgrimir como propio.
Con esta declaratoria, pretendo ir desarrollando, desde este espacio de independencia personal, un análisis periódico sobre nuestra realidad cotidiana y humana con miras a buscar alternativas de comprensión y solución. Y un ambicioso destino como nación, de la mano con el resto de la comunidad humana. Es preciso que aprendamos a pensarnos como lo máximo que podemos ser.
Edición leída: 1ª edición 2010 Ediciones B, Barcelona, para el sello Zeta Bolsillo. Traducción de Ana María de la Fuente.
En esta novela del escritor judío, inmigrante a EEUU desde 1935 debido a la ofensiva Nazi en su natal Polonia, y originario del barrio judío de Varsovia, en donde creció en un ambiente de constante violencia antisemita en forma de pogromos, encontramos la historia de Jacob, un judío que tras una matanza de los cosacos contra su pueblo en Josefov, en su huída cae prisionero y es hecho esclavo en un poblado de campesinos cristianos, en dónde se enamora de la hija de su amo, Wanda, a quien se sentirá obligado a convertirla ilegalmente, para poder salvar al hijo de ambos de la idolatría y conservar el amor atormentado que sentía por ella.
Resulta sumamente ilustrativo y enriquecedor leer esta novela, pues si bien, a veces no se sabe si es más una novela de amor o un testimonio desgarrado de la fe judía, ambos objetivos están muy bien logrados, en un largo periplo de detalles que nos dejan adentrarnos en los rituales, tradiciones y fe de los hijos de Abraham, en esta historia ensartada en el siglo XVII.
Jacob ha tenido que huir de las matanzas de los cosacos contra su pueblo, habiendo perdido rastro de su esposa e hijos, de quienes al paso de sus 5 años de cautiverio ignora si han caído muertos o aún viven, y ha entrado por la fuerza en el mundo de los campesinos cristianos y la naturaleza. Sus labores lo “atan” al cuidado de ganado en la montaña, recoger y cortar leña y alimento para el ganado y a dormir en el granero y en el establo. Alejado de sus tradiciones y de todos los elementos indispensables para llevar una vida judía, comenzando por la dificultad para comer comida Kosher, Jacob, sin siquiera un papel o pluma para escribir, ni su Torá para estudiar, intenta recordar cada una de sus enseñanzas en su mente y escribirlas en la piedra. Wanda lo cuida y le lleva alimento cada día, mientras él se atormenta y obedece a su destino de esclavo.
Su tormento viene de su lejanía con su religión y de no sabe la suerte de su familia, pero sobre todo, de la tentación en que Wanda se fue convirtiendo para él, con sus amorosos cuidados y sus declaraciones de amor. Wanda era viuda y asediada por los hombres del pueblo, pero ella tenía en Jacob su mente y su corazón.
Un circo pasa por el pueblo, y al platicar con él, Jacob le pide al cirquero que si pasa por Josefov y encuentra judíos, les avise dónde se encuentra para que lo rescaten. El tiempo transcurre y un buen día, mietras Wanda estaba ausente, los judíos llegan a rescatar a Jacob. Pero la mecha de la pasión ya estaba encendida entre Jacob y Wanda, y no le es posible olvidarla tras haber sido rescatado.
Sueña con ella y con un hijo que tendrá de él. Se le aparece en sus sueños llorando, y en un arranque de desesperación decide volver por ella y por su hijo, para que éste no crezca en la idolatría del cristianismo.
Con gran pasión llega hasta donde ella y se la lleva para convertirla. La historia es trágica, pues Wanda, a quien convienen en llamar de ahora en adelante Sara, aprende el yiddish, pero no consigue pronunciarlo correctamente. La estrictas leyes judías sobre la conversión de un gentil los obligan a hacerla pasar por muda. Su gran inteligencia le permite aprender bien las enseñanzas de Jacob y su amor entregado por él la lleva sin dificultad a dominar los rituales y costumbres. Si bien, de vez en vez le salen sus maneras de campesina y cristiana, logran engañar al pueblo de judíos a donde se trasladan a vivir en Pilitz.
Sara se ve condenada a vivir en el silencio, motivada por su gran amor por Jacob y su creciente fe en el Dios judío, mientras escucha y vive la descortesía y groserías de las mujeres del pueblo que la creían sorda.
Con el paso de su embarazo ocurren una serie de experiencias que hacen que su vida cambie de un momento a otro, llevando a Jacob de ser el maestro de religión a Administrador, sustituyendo a Gershon, hombre fuerte tosco y dominador, suegro del Rabino, que a la larga le hará sufrir el dolor y la ignominia a Sara, al momento de parir, no obstante que Jacob le hubiera salvado la vida.
La historia nos lleva a analizar la falsedad de las personas que se dicen fieles y puras, pero más allá de ello, la fuerza de la fe que una comunidad puede experimentar, pese a sus vicios y defectos. Es una historia de tradicionalismos, fantasía religiosa, crueldad, tragedia, hipocresía, amor, dolor y fe, en dónde aprendemos que el amor, y sobre todo, el temor a Dios es algo mucho más que ser buenos, mucho más que ser generosos y amar al prójimo. Es la obediencia. Pero por encima de ella, la pureza.
Vivir intensamente y reflexionar profundamente. No hay disyuntiva. Algunas personas consideran que se debe vivir la vida con intensidad en vez de ocuparse de reflexionar. Otros consideran que se debe reflexionar profundamente toda la realidad para tomar decisiones acertadas y sabias, o para ser mejores Seres Humanos, o por puro amor al saber. Sin embargo, tal disyuntiva no existe, todos tenemos el deber de realizar ambas cosas, en la proporción que mejor nos competa, para alcanzar una Vida auténtica y, quizá, un mejor destino.
La verdad acerca de la Justicia es algo que no se puede dejar de explorar. La verdad manifiesta y grosera de la Injusticia así lo impone. Aún pese al conservadurismo que nos viene cayendo sobre el corazón con la edad, no se puede dejar de buscar la verdad acerca de la Justicia.
Atender al mundo, a lo que pensamos del mundo y a los que tienen algo qué decir acerca del mundo, con pretensión de verdad, y ver qué podemos decir, con pretensión de verdad, acerca de lo que dicen, acerca de lo que pensamos y acerca del mundo.
Hay preguntas que le dan tanto sentido a la vida, precisamente porque no tienen respuesta. Ponerles una respuesta satisfactoria es como encender la luz de la habitación, justo cuando en la ventana asomaba el disco brillante de la luna, cuando comenzabas a imaginar que te crecían las alas y te deslizabas como el viento hasta el lecho de la amada para espiarla, desnuda y dormida.
Hay preguntas que deben ser respondidas, con verdades pasajeras.
(Sobre el artículo homónimo de Maite Azuela y la respuesta de parte de la sociedad progresista sobre el comercial de la conocida marca de chocolates)
Celebro la libertad de expresar su opinión, Mayte Azuela, y celebro su determinación para fijar una postura ante un hecho a su parecer injusto y discriminatorio. Finalmente de ese tipo de personas necesita un país para superar sus falencias. Permítame sin embargo emitir una opinión personal, sin una causa tan noble como la suya, pues no pretendo defender la justicia y menos aún a una empresa, pero sí para expresar mi descontento, como el de muchos más, sobre esta actitud que juzgo sobreprotectora de la equidad y la igualdad. Mis motivos son más vanos, pero me gustan los pretextos para expresarme y dialogar.
Pretender eliminar este tipo de tratamiento social (puesto que no son sólo algunos los que lo hacen, ni sólo hombres) sobre las mujeres y los estereotipos con que se les etiqueta humorísticamente implicaría también la intención -al menos- de eliminar los chistes machistas (por supuesto también los feministas) y en general el sentido del humor de las personas en uno de los terrenos que más les divierte y ameniza colectivamente. Es decir, este tipo de sentido del humor, proviene de algo más que una simple percepción sexista e inequitativa de la realidad. Hay, de todos sabido, una relación de poder entre los sexos, que a gran cantidad de personas, tanto hombre como mujeres, les resulta agradable en algún punto (mientras no sobrepase su propio límite de tolerancia, supongo) y que suscita este tipo de sentido del humor, pero que no se limita al sentido del humor, sino que se extiende a toda la forma en que las personas disfrutan su manera de relacionarse con el sexo opuesto (o mismo sexo, para no ser homofóbico ni lesbofóbico ni … ), que si bien muchos podrían considerarla primitiva e injusta, lo cierto es que existe y hace que las personas disfruten de sus relaciones afectivo/sexuales.
Cuando usted sugiere que se debería realizar “otro tipo de publicidad acorde con las aspiraciones de una sociedad incluyente”, me parece francamente válido que exista esta perspectiva que usted expresa, es decir, impulsar un tipo de publicidad que corresponda a las aspiraciones de la sociedad. Por supuesto, tampoco podemos generalizar y decir que las aspiraciones de una sociedad incluyen a todos sus miembros, pues siempre habrá quienes no estén de acuerdo con ese tipo de aspiraciones, con posturas igualmente válidas (por fortuna, espero, no sean la mayoría) Las aspiraciones de una sociedad democrática no pueden imponerse a todos sus individuos por decreto, sino racionalmente, y es esa la manera en que buscamos usted y yo expresarnos. Estoy de acuerdo con usted en que el Estado debe vigilar y sancionar actitudes y mensajes que generen violencia (y por qué no, también, degeneración) Los criterios para decidir cuáles lo hacen y cuáles no, es lo complicado y en dónde nadie debe ser intransigente, porque se puede incurrir en la injusticia opuesta, de censurar y aplastar a quienes no piensen como yo. Es preciso, pues, tener una actitud más mesurada en temas polémicos y criterio amplio, pues de lo contrario, puede resultar peor el remedio que la enfermedad.
En la opinión de este servidor, reírse, o incluso francamente burlarse (mientras no sea contra alguien particular) de los rasgos estereotípicamente femeninos, enlistar sus debilidades (estereotípicas) no excluye todas sus virtudes (también estereotípicas). Enunciar los defectos de alguien no cancela sus virtudes. Aunque decir que las mujeres son fuertes es también una pretención estereotípica como decir que son débiles o torpes como en el comercial. El deber de tratar a cada persona, mujer, hombre o género diverso, de manera justa, no cancela la posibilidad de generalizar para reír. Así es el sentido del humor. El límite que separa la risa colectiva de la ofensa no está en el decir o no decir cosas sexistas, sino en la intención explícita de agredir y/o la agresión objetiva que siente el ofendido. Ambos sexos tratan de dominar al otro en un juego que muchas veces es más productivo que nocivo. Es justo defender a los grupos vulnerables, aunque ponerlo en estos términos parece estereotípico y discriminador también, pues hablar de grupos vulnerables es hablar de debilidad, y entonces ya volvimos a decir que las mujeres son débiles. Burlarse de la debilidad (estereotípia) de las mujeres en un entorno sensible puede ser un crimen. En un entorno irrelevante, puede ser cómico, lo mismo que burlarse de la impotencia masculina o la incapacidad de ser multi-task.
Por lo demás, no está de sobra traer a colación lo que dice mi hermana sobre ese comercial: ahí no dijo te pones como ‘mujer’. Entiéndase que la ‘nena’ es un tipo de mujer que podríamos decir que es pueril, débil, torpe, berrinchuda, caprichosa, llorona, manipuladora, es decir, por extensión, una mujer aniñada, pero no es todas las mujeres.
Afortunadamente no veo mucho la tele. La primera vez que vi el comercial de chocolates que se refería con total desprecio a las mujeres embarazadas, fue en la presentación de la asociación civil “La Cabaretiza” en la que las reinas chulas lanzaban una campaña contra la publicidad misógina tan vasta en nuestro país.
Exhibieron anuncios de shampoo, artículos de limpieza, autos, pero sin duda el que más me irritó fue aquel de los chocolates. Me limité a lamentar la reducida imaginación de los publicistas y a pensar en la artista/cantante que se prestó a jugar el juego de la noviecita de la que se mofa el resto, por la única razón de ser mujer.
Esperar que los vendedores sean sensibles a las repercusiones culturales que tienen sus campañas publicitarias en general es un acto de ingenuidad. La pregunta es ¿A quién le corresponde orientarlos?, ¿Es responsabilidad del estado vigilar que no se refuercen los patrones de discriminación?, ¿Tiene el gobierno alguna facultad para advertir a los privados que en el uso de espacios mediáticos garanticen en sus mensajes un trato social igualitario? Definitivamente si.
El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y el Consejo Nacional de prevención contra la Discriminación (Conapred) después de haber recibido quejas ciudadanas por la campaña discriminatoria de los chocolates snickers, realizaron los correspondientes procedimientos. Posteriormente se pronunciaron en diferentes medios de comunicación reprobando el contenido de la campaña por promover homofobia y misoginia mediante la desvalorización de las mujeres. Ricardo Bucio manifiestó su preocupación por la persistencia de mensajes homofóbicos, sexistas y misóginos en los medios de comunicación como parte de la estrategia de venta, e insistió en que recurrir a la violencia, prejuicios y estimaciones negativas hacia las mujeres y lo femenino, arraigan la desigualdad entre los géneros.
El Conapred notificó a la empresa “Effem México Inc. y Compañía”, S. en N.C. de C.V. sobre la queja y se le invitó a participar en el procedimiento conciliatorio, además de que se le solicitó rindiera un informe sobre su campaña. El 11 de julio de 2011, la empresa respondió que su campaña publicitaria había sido sujeta a pruebas aplicadas a diversos grupos de personas que forman parte del público consumidor mexicano (incluyendo mujeres), quienes no arrojaron riesgos discriminatorios de ningún tipo; además, la citada campaña se aplicó a nivel nacional ya que tuvo buenos resultados a nivel global (en otros 15 países), por lo que consideraban que la citada campaña publicitaria no ha causado impactos discriminatorios considerables de ningún tipo para el público consumidor tanto en México como en los demás países donde se ejecutó la misma. Finalmente, se negaron a participar en el procedimiento conciliatorio y no entregaron la información solicitada.
Podríamos pasar este tipo de campañas desapercibidas, como sucedía hace algunos años, incluso podríamos esperar a que las instituciones que velan por la equidad de género y previenen la discriminación se mantuvieran al margen de esto. Sin embargo debemos celebrar su pronunciamiento público alertando las consecuencias sobre el comportamiento social discriminatorio que estas campañas reivindican.
Es lamentable que muchos mercadólogos mexicanos no se permiten salir de la caja diminuta que reproduce conductas de división social y que promueve el desprecio por las mujeres, las personas con discapacidad, la diversidad sexual y todo aquello que siguen sin saber acomodar en sus acartonados guiones. Para vender y venderse recurren a la imitación de estereotipos, frases sexistas, roles con connotaciones despectivas. Confunden diversión con aversión y buen humor con representación burlesca de estereotipos excluyentes.
A diferencia de la empresa Effem México INC y Compañía, que percibe lo femenino como débil y estorboso, yo lo percibo como fuerte y emprendedor. Así que me pongo como nena porque resulta frustrante que las facultades de organismos como el Conapred y el Inmujeres estén limitadas a pronunciarse y recomendar a los responsables de cometer actos de discriminación, sin posibilidad de aplicarles sanción alguna. Me pongo como nena porque creo que las empresas que no pueden imaginar otro tipo de publicidad acorde con las aspiraciones de una sociedad incluyente, tendrían que cuando menos cancelar su publicidad en medios y de ser posible asumir alguna multa en castigo por su irresponsable promoción de la discriminación.
Me pongo como nena porque hasta hoy seguimos tolerando la exclusión social y repitiendo patrones misóginos y sexistas, sin asumir la violencia que con esto se desata.
El ser satisface más que el tener. El ser es permanente. El tener es permanente carencia. El buen tener que no es carencia permanente, viene por añadidura del ser.
¿Por qué pretendes que las mujeres sean seres confiables?, no lo son: Son buenas amigas, buena compañía, son grandiosas madres, son alegría y tranquilidad para la carne, son calor para la cama, son fuego para el corazón y alcohol para el estómago, son divinas enamoradas. Son estímulo para la mente, por lo que son, más que por lo que dicen; aunque también por lo que dicen. Son grandes conversadoras, son desgarro de nuestros silencios. Son inquisidoras incansables. Son mujeres, tómalas por lo que son. No pretendas confiar en ellas, confía en sus instintos. Confía en ti. No es casualidad que tomar rime con domar. Su espíritu es volátil y clama libertad al mismo tiempo que clama compañía. Cuando tengan que irse se irán. Cuando tengan que quedarse se quedarán, no por ti, sino por lo que son.
-¿Cómo estás?-
-bien..., a veces-
-y porqué a veces?-
-...pues porque a veces hay que estar mal... y otras muy mal-
Debes darte oportunidad de sufrir muchas decepciones, tantas como sea necesario, para que algún día... pues aunque no tenga objeto, debes darte oportunidad.
La atracción sexual es algo espontáneo y natural, y así debe ser, de modo que, si a tu mujer de pronto le atrae más otro hombre, si siente fuertes tentaciones carnales en otras direcciones, debes no solo dejar, sino alentar que se vaya con él. Y en ese tenor se mueven los placeres. Formar una pareja ya es una cosa de otro nivel, y la atracción sexual no solo pasa, sino que debe pasar a segundo término. La pareja se constituye sobre una base superior, pero cuando esa base superior flaquea o no existe y la satisfacción sexual es tan ínfima, uno suele tomar las tentaciones sexosas con harta facilidad culposa, tanto así como gustosa, y así debe ser.
-Olvidar… regresar el tiempo, borrar de mi espalda el dolor de todos estos años y la frustración de mis fracasos. Volver a traer a mi mente la tranquilidad y la alegría de los 20 años, o de los 15. Eso sería bello, olvidar… Olvidar que te conocí… volver a tener frescura en el corazón-
El agua estaba limpia, cristalina, con ese sabor mineral y fresco que hace glorioso un momento de sed terrible. Afuera el sol estaba implacable, caía como cenizas de volcán sobre las pieles, pero aún con todo, el día estaba hermoso, había una fuerte humedad en el aire, pero olía a vegetación y la vista era toda verde. Cuando hace calor, el cuerpo se pone perezoso y sólo quiere refugiarse a la sombra en una hamaca o en un sofá, pero también la sangre corre lasciva por todo el cuerpo y los apetitos carnales se despiertan con facilidad. Entre las piernas se agita una sorprendente vida, mientras el resto del cuerpo quiere refugiarse. O eso aparenta. Quizá el cuerpo perezoso es un embustero que aguarda como serpiente una víctima mientras afila los colmillos de la entrepierna.
De pronto llueve, día loco, pero la lluvia ligera desprende vapores del suelo terregoso, que llegan al olfato como el agua limpia del jarrón de barro a la boca.
-Tengo sed, sed de tus labios, de tus sonrisas, de tus brazos, una sed que se ha hecho añeja y dolorosa, como el dolor de la piel seca de una momia, pero cuando logro olvidar se vuelve nueva, y luego vuelve a ser una sed terrible… pero el agua de tus labios nunca existirá.
Tumbarme sobre el pasto bajo la lluvia con la boca abierta tal vez me reconforte, tal vez la música de la lluvia me hable de ti y sus vapores se metan a mis pulmones para alimentar este corazón seco-
-Es una fantasía- le dijo su amiga Sofía, el agua es agua y el amor es cuerpo. -Quizá te has inventado todo eso para sublimar tu existencia ante ti mismo. El romanticismo murió por propia mano. Desde su nacimiento llevaba el puñal en la mano para cometer el suicidio trágico… Pero ya pasó su época, la gente ya no cree en eso, la ciencia ha expuesto cómo el amor no trasciende la carne y su química neuronal, incluso los actos que por amor exponen tu propia integridad son actos trastornados. Estás hecho para salvaguardarte a ti mismo. ¿Porqué te empeñas en la tristeza?-.
Parecía querer leer su mente, más bien, estaba segura que la leía, o quizá, más aún, que conocía su contenido sin hacerse consciente que no la podía leer. Las personas asumen certezas sobre lo que los demás piensan y sienten, y en la mayoría de los casos están bastante lejos, si bien haya algunas semejanzas.
A Efrén le molestaba tanto que quisiera leer su mente y encima le reprendiera con tanta seguridad, cómo si pudiera entender la mitad de lo que siente con sólo mirar sus ojos tristes y la otra mitad con las tres primeras palabras que pronunciaba.
-¡Estos malditos científicos modernos!- pensó – el día que me inventen una pastilla para curar el dolor de mi corazón, seguro se las escupiré en la cara. Quizá Sofía tenga algo de razón, me empeño en la tristeza, es decir es cuestión de voluntad, pero a veces no se quiere dejar de querer… o no se puede. Algunas veces, hay algo en el corazón que no le da permiso a la voluntad de renunciar. Pero sería lo mejor. Renunciar y poder olvidar-
La lluvia paró, pero dejó la humedad sobre las plantas y la tierra, para recordar que volvería, igual que cada de vez en cuando vuelven las lágrimas a los ojos, la sed a los labios y el dolor al corazón. Todos los años. Igual que la lascivia tal vez vuelva también a la sangre, a poner trémula la carne.
Hay decisiones que al ser tomadas no parecen verdaderas, y día con día siguen pareciendo mentira. Solo con el paso de los días van haciendose reales. Así sucede con los adioses, son decisiones que se tienen que sostener día con día, año tras año.
-¡Sácale la ‘roja’, hijo de puta!- Gritó la chica de grandes ojos azules, levantándose de un salto y arrojando las palomitas sobre el hombre calvo de la butaca de abajo, mientras el balón zumbaba a 10 centímetros del poste derecho, casi dejando ver cómo se partía el aire a su alrededor a 110 km/h sin dar un solo giro -¡Mierda!, ¡’viera sido un pinche golazo… y aún así alcanzó a sacar el disparo!-
Se escuchó el silbato del ‘colegiado’ contrayendo espontáneamente con su decisión la ira de la espectacular morocha que ya limpiaba discretamente de su boca la saliva que había salpicado con tremendo grito. Había pitado ‘penal’ entrando al área grande. El calvo apenas percatándose que la chica de la blusa ajustada que marcaba sus grandes senos le había manchado de salsa y palomitas, ante el espectáculo que encontraron sus ojos al voltear prefirió secundar tardíamente la petición de expulsión. -¡Era el último hombre, árbitro!, ¡era roja!- Su compañero de junto enfundado también en su playera del Guadalajara le preguntó con esa discreción tan rudimentaria de los hombres –¡Oye, wey!, es la vieja del Zepeda, ¿no?-
Y cómo no iba a tener ese forrazo de mujer el Zepeda, si era un tipazo, moreno, con mucho porte, que se le notaba cada que tocaba el balón, recuperando con una barrida exacta o dando un pase largo con gran estilo y precisión. Todas las chicas lo adoraban, además estaba en la selección y eso era siempre un gran plus. A las chicas les gustan los hombres guapos, bien formados, con esas piernas tan duras de futbolista, se imaginan cosas, y si además están en la verde… bueno, a veces la fama de los de la verde es tan importante para las mujeres, que se vuelve un bien autónomo y suele escindirse del futbolista para convertirse en el objeto mismo del deseo, prescindiendo del que la hizo. Aunque… el dinero no tan fácilmente se emancipa del futbolista… pero ya estando arriba las viejas se mueven de famoso en famoso y de millonetas en millonetas. -Una como esas, compadre… aunque luego te cambian por otro- espetó a su compañero el calvo prematuro, un tanto desilusionado por su reflexión y con sus sueños aún no caducos de ser futbolista profesional y alcanzar ese éxito con las mujeres, y quién, por cierto, también tenía sus encantos, pero difíciles de apreciar desde la butaca de arriba, -¡pero mientras te votan por otro pura gozadera, compadre!- gritó el otro emocionado autoamordazándose con el puño para no ser escuchado y quien tenía claramente una educación inferior.
Por eso todos en el país querían ser futbolistas, y más desde que México se convirtió en potencia y nuestros chavales andaban en las Europas, ganando millones, fama mundial y las mejores chamacas del planeta. Las especulaciones e ilusiones brincaban por las cabezas de la gente como los granos de maíz al explotar en el horno acerca de la morocha ya muy conocida y las mujeres hermosas que solían acompañar ¡sepa Dios hasta qué rincones! a los jugadores mejor pagados, más famosos y/o más talentosos. Y en esas estaban el calvo y su compañero cavilando sobre la morocha, pero no repararon en que el penal no había sido sobre Zepeda, sino sobre ese jugador tan gallardo y serio, que era el capitán del equipo y que a sus 25 años aún no había sido llevado nunca a la selección. Zepeda se acerco a ver cómo se encontraba el ‘Benja’ que seguía tirado y retorciéndose y se encaró enfurecido con el ‘colegiado’, ganándose una ‘amarilla’. La morocha estaba preocupada y de vez en vez se jalaba el pantalón que se le bajaba y que de tan ajustado que estaba, cada que lo jalaba en su angustia provocaba que lo espectacular se volviera delirante para los que estaban sentados atrás de ella. Es verdad que era vanidosa y le gustaba lucir provocativa, pero en su cabeza esas motivaciones estaban relegadas por la ilusión de ver ganar al equipo y apachurradas por la angustia de ver al ‘Benja’ que no se levantaba. Él no era de esos que fingían faltas o hacían tiempo, le gustaba el juego limpio y leal y su ambición era tan grande que no daba balón por perdido. Tantas veces había recuperado balones inútiles y creado jugadas para recordar coronadas con gol.
El estadio completo había gritado enfurecido por la falta y lamentado lo que hubiera sido un gol espectacular, pero poco a poco en algunos caía también la preocupación, sólo faltaban 20 minutos y si el ‘Benja’ salía lesionado iba a ser muy difícil empatar. La angustia era sofocante en todo el estadio, pero más en el corazón de la morocha en dónde se mezclaba esa pasión tan fabulosa por el Guadalajara, el eterno ‘Campeonísimo’, con ese deseo secreto y prohibido, difícil de distinguir del amor, que la hacía divagar entre humedades todas las noches. La inteligencia y creatividad del ‘Benja’ lo hacían imprescindible para el esquema de todos los técnicos que habían pasado por el banquillo. Lástima que se lesionara con tanta frecuencia. Todos estaban seguros que si no fuera por eso, él sería el auténtico líder de la selección y un crack histórico mundial. La morocha lo sabía y soñaba junto con él, deseándole toda la gloria que merecía. En medio de sus redondos y frondosos senos, sobre su piel tan tersa lucía una medalla de oro que Zepeda le había cuestionado meses atrás de dónde había salido. Ella sólo la sujetaba con fuerza mientras esperaba que el ‘Benja’ se levantara. El estadio entero gritaba, brincaba y cantaba acomodando en las estrofas el apócope de Benjamín Orozco, quién por fin se levantó adolorido, pero con su mirada sarcástica. Era difícil de comprender el ‘Benja’, pero al verlo sus compañeros sonrieron, lo palmearon y echaron a correr a sus posiciones, decididos a seguir gozando del partido, tenían un penal a favor y aún 18 minutos para empatarle al América, su eterno perseguidor, y alcanzar por lo menos la prórroga para coronarse una vez más como campeón del fútbol mexicano.
-Soy filósofo para ser lo que soy, ¿ser humano?, ¿persona?, ¿ángel caído?, ¿animal pensante?... ¡Yo! ¿Igual o diferente de los otros? No sé, parecemos iguales, pero las apariencias engañan, a veces también parecemos muy diferentes… - le decía mientras ella encendía su blackberry para ver dónde andaba su novio, quizá andaría en su casa, quizá no andaría con otra. Estaba tan segura que no. El humo del cigarro entraba intensamente hasta mis pulmones mientras la miraba levantarse de la cama luciendo su carne desnuda y su pelo revuelto. La desnudez muestra la no belleza, la ausencia de lo bello del ser humano, como si al quitar la última prenda del cuerpo de nuestro objeto de deseo, se fuera con ella la última “a” de la palabra belleza, a no ser porque al quitar la última prenda la vista ha sido ya sustituida por el tacto, el olfato, el gusto. A no ser porque cuando a la mujer la miramos desnuda después de la pasión, la belleza queda en los recuerdos antes del orgasmo y el aroma a pecado que impregna las sábanas cuando se levanta al baño o para vestirse apresurada. En la conciencia de lo hecho. A no ser porque los labios saben a humedad y la carne fresca y suave despierta apetitos y tentaciones, y el aroma, de los perfumes -y más del cuerpo natural- invocan la exaltación de las entrañas, las vísceras, la líbido, el lobo hambriento. A no ser por esa mirada, mortal, celestial o demoniaca con que me invitaba a seguir transgrediendo, su cuerpo sería sólo un cuerpo, como todos los cuerpos. –pero, ser tú mismo, lo que sea que eres, ¿no suena bastante peligroso?- me dijo, mientras picaba con sus dedos el teclado para mandarle un mensaje a su mejor amiga -a veces uno corre serios peligros por ser lo que no es, también por ser lo que se es-. -Me confundes, no podemos ser lo que somos así sin más, todos somos una bola de influencia de los demás- Aún mis genitales acusaban la fricción de su sexo, aún sentía su humedad al tocar mi pubis mientras me daba otra bocanada de cigarro. ¿Cómo podía pensar que en la desnudez no había belleza, si ella me despertaba esos apetitos? Pero los apetitos no venían de mirarla, casi venían más del pensarla, de imaginar todo aquello que solíamos hacer encerrados. La relación entre belleza y apetito se enredaba y difuminaba como el humo de mi cigarro. -Es bello saciar la ansiedad de mi cuerpo en su cuerpo- pensé, –¡pues debería ser más congruente!, un verdadero filósofo debe serlo- me replicaba a mí mismo, -no puedes tener un nombre en el mundo, con tanta incongruencia- mientras recordaba que los grandes nombres han quedado en el pasado. Ahora parece imponerse el conocimiento científico exprés y totalmente anónimo. Ya no se sabe quién dijo qué, wikipedia, google, foros de opinión, canales de noticias, blogs, lo dicen todo, ya no importan los autores, las ideas han sido expropiadas por el “anonimato culto” de la red. Los grandes sistemas, los grandes pensamientos son piezas de museo, puesto que se han impuesto las necesidades mundanas cada vez más simples en un mundo virtual. Las personas buscan su libertad y la encuentran en la red, cualquier pisca adicional de inquietud se elimina como toxina en el sauna, en el gimnasio, y con una cámara fotográfica para presumir en la red la belleza adquirida. -¿Entonces tú crees que deberíamos asumir positivamente la influencia que los demás, la sociedad, la cultura, los medios nos ejercen, y reafirmar que somos ese mosaico de influencias?-¡Pues sí!, bueno, no sé, algo así, ¿no? ¿O cómo pretendes resolver el problema, si finalmente si te quitas una máscara, te quedará siempre otra. Yo no veo cómo podría desprenderme de todo lo que no soy originalmente-, -quizá no se trata de eso -contesté-, pero uno escucha tantas voces que nos dicen qué hacer, qué decir y qué pensar, normalmente contradictorias entre sí, que pienso que uno ha de tener una voz propia, eso que algunos llaman una voz interior, y es esa voz la que muchos no son capaces de escuchar–. Se colocaba el sostén que levantaba la carne de sus senos y los juntaba prepotentemente con sus manos -¿Y es esa voz interior la que te ha dicho que vengas a mí y me hagas el amor así, cuando es algo tan prohibido?- provocando una nueva erección entre mis piernas y el remolino de emociones dentro de mi pecho.
Algunas cosas que digo causan reconocimiento, otras son indiferentes, algunas otras causan risa, algunas más molestia, otras causan silencio y otras causan burla... quizá debo empeñarme en las que causan burla y las que causan silencio, ahí están las verdades incómodas, las que nadie quiere o puede ver, todas las demás decirlas sería pura tautología.
Quiero escribir literatura, escribir filosofía, filosofía por conocer, filosofía para la vida, filosofía para la salvación, crítica noticiosa, pintar, esculpir, componer música, resolver la vida y plasmar lo bello, expresar mi ser y mis sentimientos en formas y composiciones eternas, perdurables, abrir otra dimensión para el mundo y mi propia vida para mí.
Yo escribo, mucho, normalmente, me gusta escribir, poner esmero en la precisión del pensamiento y la expresión del sentimiento y la imaginación, en la exactitud de la proyección. Me gusta escribir. Pensar que tengo algo importante qué decir y alguien a quien decirle.
Quiero regresar a mi origen y partir hacia mi futuro. Hacia mi naturaleza, mi destino. ¿Quién quiero que me lea? ¿A quién quiero decirle algo? ¿A quién quiero gustar?
Me duele el mundo, me perturba la maldad, el crimen, la impunidad, la perpetua amenaza. Quiero modificar el mundo. Quiero sentirme bien, recordar las lejanas épocas de ilusiones y placeres permanentes.
Quiero dormir en los brazos de una buena mujer, con el corazón tranquilo y el sexo en vilo. Pero no quiero caminar hacia atrás. Pero adelante no hay nada, no veo nada. Es oscuro y vacuo el porvenir. Pareciera el presente un eterno círculo vicioso. Todas las grandes alegrías se han quedado atrás y sólo allá se las puede encontrar. Quizá.
¿Dónde han quedado aquellas épocas en que anhelaba atravesar la noche, los cielos y las nubes frías en busca del amor de la carne, de la naturaleza mía, mi sed de misterio?
Quiero escribir, quiero pintar y esculpir, componer música y tocar mis instrumentos, quiero llenar mi vida de arte que me haga libre como antes fui. Sentir las texturas en mis manos, la piel de mis palmas, mis dedos, las masas, mirar las figuras creadas, su brillo, su opacidad, leer las insinuaciones de los contenidos en el lienzo, escuchar, ejecutar, decir cosas, hacerlas sentir.
Quiero escapar de esta vida cotidiana, de la vida común, de los comunes, de esta historia contada millones de veces. Quiero escribir mi nombre, plasmar mi espíritu, manifestarme en la eternidad. Quiero decir lo que veo, manifestar y denunciar lo que siento, escupir lo que está mal, lo que me lastima, abrazar las alegrías y crear, sacudir las mentes, obligar a los ojos a mirar, cimbrar los intestinos de los que pasan, los que existen, los que van. Crear mi reflejo. Mirar unos ojos que me miren y volar al frío del horizonte de la noche, cargando, dejando recuerdos inmortales.
Quiero ser un hombre verdadero, mejor aún, un yo verdadero, y morir, con el cuerpo vacío, como una momia que arrojó su espíritu a las estrellas, regando sus esfuerzos en los anales de las mentes futuras.
Estamos presenciando y experimentando una transformación radical, quizá no sólo de hábitos y estilos de vida, en base a la tecnología, sino con ello, puede estarse trastocando de fondo lo que somos, de modo que podríamos de pronto no reconocernos más en nuestros antepasados. La virtualidad de la existencia en las tecnologías de la comunicación, y los avances rotundos de la ciencia, la biología, la medicina, nanotecnología, están generando una nueva forma de ser humano incompatible con la humanidad del siglo XIX para atrás e inconcebible sin toda esa tecnología.
Tu frase favorita: "Dios, si es que existes salva mi alma...si es que tengo"
Tu sentido del humor: "Los japoneses no miran...sospechan"
Me duele tu muerte, me duele la angustia en tu mirada cuando te recuerdo, me duele la tristeza de tu voz cuando platicábamos, cuando me contabas, me duele toda esa gente que no supo o no quiso darte su apoyo y su confianza que te hiciera sentir mejor, no haber podido darte el apoyo y confianza que necesitabas, haber sido tibio, débil, miedoso, cara de palo, sobrio.
Me duele la timidez con que esperabas un abrazo, la fragilidad que no supe creerte, y la tibieza torpe con que rechazabas una caricia juguetona y desconsiderada.
Me duele tu vida perdida, tu sonrisa extraviada, tu alegría huérfana buscando placeres extraños para recuperar algún sentido a estar viva, tu cuerpo pequeño y bien formado y tus ojitos perturbados, tu mirada maliciosa queriendo ser más mala que un osito de peluche.
Tu inteligencia sin rumbo, tu eficiencia, tu lealtad, tu obediencia, ¡pequeña! Tu rostro doloroso en el féretro, tu foto, las flores, la injusticia, tu juventud olvidada. Solo necesitabas amigos, jugar, sonreír, tener con quién contar. Hay flores tan frágiles que uno no sabe cuidar.
Emanciparme en mis ambiciones, independizarme de mis ídolos que han hecho huesos en mi subconsciente, cortar el cordón del ombligo de mis aficiones originarias. Vivir la utopía de la autonomía del espíritu con respecto a las influencias terrenas. Sólo ser el que soy, siempre, por encima de lo que se presenta, y hacer con la fragilidad de mis determinaciones el polvo de la creación y la muerte.
Escribir, en palabras de un reconocido escritor, parece ser un acto de cobardía. Escribimos cosas que no nos atrevemos a hacer, para decir cosas que no nos atrevemos a decir. Los escritores somos, esencialmente una especie temerosa. A reserva de los que escriben sus memorias.
Pero los que escriben sus memorias siempre le ponen su sal y su pimienta a sus relatos, de modo que escribir se convierte siempre en un acto de fantasía. Y es así, en la mentira, donde nacen nuevos mundos, donde se abren vidas paralelas, que parecen merecer ser contadas.
¿Qué sería del mundo sin quien que inventara historias que no se atreve a vivir, y sin quien que contara vivencias modificadas para saciar el apetito del espíritu de quien lee o escucha?
Pero muchas veces, quizá las más, escribir es un acto de confesión. En este confesionario los pecados y las virtudes cobran dimensiones completamente nuevas convirtiendo al confesor en un vouyerista-beatificador, en un espectador frente a un artista anónimo, creador, mártir y sonsacador. Bueno, algunas veces así me pasa a mi y por cosas como esa busco escribir.
Trascendencia, inmortalidad, encontrar el modo de dejar una huella en el paso fugaz de nuestra vida por el mundo parecen protocolo intencional del buen escritor. Podría parecer más honesto decir que está uno queriendo agarrarse con las uñas y los dientes de la cola de la vida, queriendo sacarle los ojos a la muerte para que no nos siga. Las letras podrían ser la estela de sangre, la prueba, el vestigio.
Pero sin duda uno cree que tiene cosas importantes qué decir, y también por esa vanidad escribe, y por esa convicción de salvador, y de la perdición del mundo, de la inmundicia de los otros, del error y la torpeza, como luciérnagas, guiándonos unos a otros con la luz de nuestros traseros.
Pero ¿qué puede uno decir, que sea verdaderamente importante? ¿Saciar el deseo de ser importante?
Quizá sería más útil escribir para esculpir con las palabras un espejo en dónde poder mirarnos y así conocernos. Pero también usar las palabras como el pincel para dibujar la mentira en dónde poder escondernos y con las cuáles vestir nuestra desnudez y provocar el nacimiento del morbo, el erotismo, el deseo.
¿Qué puede uno decir?¿Para qué buscar un auditorio y sacrificar dias y noches para conseguirlo?
Quizá solo debo seguir escarbando y enunciando mi verbo. Las personas están llenas de conocimientos, y contradictoriamente, de desconocimiento de sí mismas. Pero reclamarte que no te conozcas sobrecarga mi responsabilidad de conocerme a mí mismo. mmm... Seguiré enunciando mi verbo como los hilos que algún día le darán sentido al telar de mi espíritu.
¿Cómo asignarme un papel en el mundo? ¿Asignado por quién? Quizá consiga bastante logrando esbozar mi propio ser. Finalmente los seres auténticos son la joya más falsificada y por la que mejor se paga. Pero el oro puro y verdadero del ser sí mismo es más parecido a una pesadilla de lobos de la que pocos se atreven a buscar. Dejar de complacer las espectativas ajenas significa también dejar de recibir el favor social. Pero no parece haber otro camino para el encuentro verdadero con el sí mismo. También tememos al lobo que imaginamos de nosotros mismos.
El primer científico de verdad. Al-Hassan Ibn al-Haytham, (965 – 1040) llamado en Occidente Alhazen o Alhacén.
¿Porqué no sabemos más de él y de la ciencia y filosofía árabes, que brillaban mientras europa se sumía en el oscurantismo, y que a la postre serían sus educadores?
Parece justo darle una mayor importancia a la filosofía y ciencia árabes, y pareciera justo preguntarnos, como han hecho muchos, ¿porqué la enseñanza que recibimos está simpre tan sesgada por occidente, occidentalizándolo todo, y poniéndo siempre a occidente como centro del universo y regla de medición de todo lo correcto y bien hecho?
"Me parece" indudable que occidente, y todos los que hemos sido formados en él, o desde él, o para él, debe abrirse más al mundo e incluir más las otras historias del mundo y las otras formas de percibirlo y las otras ciencias. Es un hecho ya muy denunciado, pero hasta ahora quizá no suficientemente, que una comprensión adecuada del mundo, no puede seguir excluyendo a los otros "mundos" y debe esforzarse cada vez más en integrarlos en su propia visión. Así debe hacer occidente y así debe hacer oriente y américa latina, y todas las culturas.
Pero, cada cultura, particularmente las exluídas, las marginadas o marginales debe aprender a no excluírse a sí misma y realizar un trabajo cada vez más serio y profundo sobre sí mismo y la revalorización de su propia producción. Para ser uno con el otro, hay que ser primero uno. Alguna vez habré escuchado algo como eso. El mundo árabe debe alzar más su voz, el mundo oriental, debe alzar más su voz, el mundo latinoamericano debe alzar más su voz, pero no para gritar desesperadamente nadamás (aunque a veces esto es necesario), sino para rescatar, revalorar, profundizar, profesionalizar, y elevar a través del trabajo su propia envergadura, su propia trascendencia en el mundo, para sí mismo y para los demás, y lograr mejor sus propias metas.
Si la historia occidental de la ciencia, de la filosofía, de las ideas, no reconoce suficientemente las figuras de otras zonas culturales, es talvez porque esas mismas zonas culturales no se están reconociendo suficientemente a sí mismas y no han tenido aún la fuerza de plantarse frente al otro para ser reconocido. ¿Porqué nos sigue educando occidente..., a través de nosostros mismos?¿Porqué seguimos siendo portavoces de occidente en nuesta propia educación?
¿Tienen nuestros propios pensadores, científicos, filósofos, cosas suficientemente importantes qué decir?¿O talvez occidente resuelve suficientemente bien nuestros problemas, al grado tal que no necesitamos escucharnos a nosotros mismos?
Quienes escriben la historia, quienes lo hacen con la pluma y quienes lo hacen con sus hechos, pero sobre todo, quienes lo hacen con sus oídos, debemos ser nosotros mismos.
Pero dejaré abierta una pregunta: ¿porqué nos sentimos tan necesitados de diferenciarnos de occidente y no simplemente nos sentimos parte de la humanidad sin más?¿Existe realmente un sesgo occidental en nuestra formación y desarrollo que deba ser corregido?
Reflexión a partir del artículo siguiente, publicado el 5 de diciembre de 2010:
Isaac Newton es, para muchos, el físico más importante de todos los tiempos.
Al menos, el padre indiscutible de la óptica moderna, o algo así nos dicen en la escuela.
Los niños estudian libros de texto en los que abundan lentes y prismas de su famoso experimento, sus estudios de la naturaleza de la luz y de reflexión, la refracción y la descomposición de la luz en los colores del arco iris.
No obstante, la verdad es un poco más gris y creo que es importante señalarlo: en el campo de la óptica, Newton descansa sobre los hombros de un gigante que vivió 700 años antes que él.
Se trata de al-Hassan Ibn al-Haytham, sin duda, un gran físico que merece pasar a los anales de la historia junto a Newton por su talla científica.
Ibn al-Haytham nació en el 965 AEC en lo que hoy es Irak. La mayoría del mundo occidental ni siquiera ha oído hablar de él. Como físico que soy, estoy asombrado ante la contribución de este hombre a esta rama científica.
Métodos modernos
El relato popular de la historia de la ciencia típicamente sugiere que ningún avance de relevancia tuvo lugar entre la antigua Grecia y la Europa renacentista.
Pero solo porque los países occidentales creen que se trata de años oscuros, no significa que también hubiera tal estancamiento en otras partes del mundo. De hecho, entre el siglo IX y XIII se dan los años dorados de la ciencia árabe.
Se produjeron grandes avances en matemáticas, astronomía, medicina, física, química y filosofía. Entre los muchos genios de ese periodo, sobresale Ibn al-Haytham.
Ibn al-Haytham es considerado el padre del método científico moderno.
Como está comúnmente establecido, éste consiste en investigar un fenómeno para adquirir nuevo conocimiento o corregir e integrar tesis previas, a partir de la recopilación de datos a través de la observación y la medición, seguida por la formulación y prueba de hipótesis para explicar los datos.
Así es como se hace la ciencia en la actualidad y por eso confío en los avances que se derivan de ella.
Pero todavía se alega a menudo que ese método moderno no fue establecido sino hasta el siglo XVII por Francis Bacon y René Descartes.
No tengo duda, sin embargo, de que Ibn al-Haytham llegó primero.
De hecho, por su énfasis en los datos experimentales y la posibilidad de reproducir los resultados, se le llama a menudo "el primer científico de verdad".
Entendiendo la luz
Ibn al-Haytham fue el primer científico en dar cuenta de cómo vemos los objetos.
Probó con experimentos, por ejemplo, la falsedad de la llamada teoría de las emisiones (que defiende que luz procedente de los ojos ilumina los objetos que vemos), -en su momento aceptada por grandes pensadores como Platón o Euclides- y estableció la idea moderna de que vemos porque la luz la que entra por nuestros ojos.
Lo que también hizo, que ningún otro científico había intentado hasta entonces, fue usar matemáticas para describir y probar ese proceso.
Así que puede ser considerado como el primer físico teórico, también.
Pero quizás es más conocido por el invento de la cámara estenopeica o agujero de alfiler, y debería concedérsele el crédito de ser el descubridor de la ley de la refracción.
Además, puso en práctica los primeros experimentos de dispersión de la luz entre los diferentes colores que la componen, y estudió de las sombras, los arco iris y los eclipses.
Y, al observar la manera en que la luz se dispersa en la atmósfera, llegó a calcular que el espesor de la atmósfera era de unos 100 kilómetros, lo cual no está mal.
Estudios forzados
Al igual que muchos otros académicos, Ibn al-Haytham realmente necesitaba tiempo y aislamiento para concentrarse en escribir sus muchos tratados, incluido su brillante trabajo en óptica.
Y tuvo una oportunidad poco oportuna cuando lo encarcelaron en Egipto entre 1011 y 1021, por haber fracasado en la tarea de ayudar a regular los desbordamientos del Nilo que le había encomendado un califa.
Mientras todavía estaba en Basora, Ibn al-Haytham alegaba que las inundaciones de otoño podían ser contenidas por un sistema de diques y canales, que además servirían como reservas para el verano.
Pero al llegar a El Cairo, enseguida se dio cuenta de que era imposible desde la perspectiva de la ingeniería. En lugar de admitir su error al peligroso y asesino califa, decidió fingir locura como forma de escapar al castigo.
Esto inmediatamente lo llevó a ser puesto en arresto domiciliario, lo que sin embargo le garantizó diez años de reclusión en los cuales pudo trabajar.
Movimiento de los planetas
Ibn al-Haytham fue liberado cuando murió el califa. Su regreso a Irak lo aprovechó para publicar unos cien trabajos sobre diferentes asuntos en física y matemáticas.
En un viaje por Medio Oriente, entrevisté a un experto en Alejandría que me mostró el reciente descubrimiento de algunos trabajos de Ibn al-Haytam sobre astronomía.
En ellos parece que llegó a desarrollar lo que se llama mecánica celestial, explicando la órbita de los planetas, con lo que se adelantó a europeos como Copérnico, Galileo, Kepler y Newton.
Es increíble que sólo ahora estemos descubriendo la deuda que los físicos de hoy le deben a un hombre que vivió hace mil años.
Tomaré esta, mi primera entrada, para lanzar un breve exabrupto que me ha venido a la mente con vehemencia.
Solemos defender con patriotismo nuestro español, nuestra lengua materna, que igual deberíamos defender las lenguas indígenas de la violencia oficial del español, pero...
El imperialista, el anglosajón, trata de imponer su idioma, y nosotros, malinchistas, obedecemos lacayos, acatamos la imposición por cuestión de exigencia, pero...
¡La lengua es de quién la habla! y el inglés se ha venido a convertir en parte nuestra, y seguirá convirtiéndose, con los dictados e imposiciones extranjeros. ¡Pero ya no es más de los ingleses, o de los norteamericanos, o los australianos! ¡Es del mundo! Mejor apropiémonos del inglés, que ya es nuestro, igual que el español y nuestras lenguas indígenas. El indio hace suyo el español, sin remilgos ni melodramas y se vuelve bilingüe o hasta trilingüe. Hagámos del inglés nuestra segunda lengua oficial, pero por nuestra voluntad. Aprendamos sus reglas, sus usos, dominémoslos, y entónces usémoslo como nuestro, con creatividad e independencia, desde nuestro país y para nuestras necesidades, deseos y conveniencia, junto al español y las lenguas indígenas, y hacia el mundo.